Resumen 1.1

Desarrollo de la historiografía indiana chilena

Felipe Vicencio Eyzaguirre (Biblioteca del Congreso Nacional de Chile)

En el desenvolvimiento cultural del país, Chile se destacó en el siglo xix por una temprana escuela histórica, que basó sus primeros pasos en los lineamientos establecidos por Andrés Bello, y que apuntaron a un estudio de los diversos tipos de material y sistematización de los mismos, para sobre ellos establecer los hechos; luego vendrían las interpretaciones de distinto color. A esa escuela pertenecieron muchos de los intelectuales que establecerían los cimientos de lo que después sería la historiografía jurídica nacional con propiedad: José Hipólito Salas, José Toribio Medina, Miguel Luis Amunátegui y Diego Barros Arana, por citar a los más conocidos. En contraposición a Bello se tiene a José Victorino Lastarria —autor de una obra empapada de subjetivismo—, que escribió algunos pocos textos que nos importan. Valentín Letelier, abogado administrativista, intentaría imprimirle un giro a la Historia del Derecho, aportando una visión sociológica, que no encontraría mayor sustento, cediendo ante las futuras generaciones de especialistas.

El siglo xx verá el nacimiento científico de la disciplina, que se construye merced al magisterio de Aníbal Bascuñán Valdés, bajo cuyo influjo surge la llamada ‘Escuela Chilena de Historiadores del Derecho’, con presencia hasta el día en el campo. Los principios de la correcta forma de encarar la investigación, lejos de concepciones sociológicas e ideas preconcebidas, así como de aceptar tesis de la mano de la leyenda negra, sin sopesarlas adecuadamente, enrieló los estudios indianos desde la cátedra y el seminario universitarios, tanto desde la Universidad de Chile, como desde la Pontificia Universidad Católica de Chile después. En esta tarea el profesor Bascuñán Valdés tuvo un cercano grupo de discípulos que coadyuvaron en la tarea, para luego tomar ellos mismos las riendas del proceso: sobresale con luz propia Alamiro de Ávila Martel. Con toda propiedad puede hablarse de un antes y un después en la Historia del Derecho en general, y del Derecho Indiano en particular con su ejemplo, que se tradujo, en la especie, tanto en abrir nuevas líneas de investigación, formar discípulos, crear una revista específica que llenó un vacío harto sensible en el área —la Revista Chilena de Historia del Derecho (1959)—, preocuparse en la reforma de los programas de enseñanza, y promover la fundación del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano (1966).

El Derecho Indiano floreció de la mano de Alamiro de Ávila Martel, Jaime Eyzaguirre, Manuel Salvat, Javier González Echenique, y un puñado de académicos más, los que transmitieron a una nueva generación la preocupación científica al respecto, y dentro de la cual destacan hoy los profesores Bernardino Bravo Lira, Sergio Martínez Baeza y Antonio Dougnac Rodríguez, que a su vez han ampliado y modificado algunos puntos de vista, y ciertamente la metodología, como la incorporación de una suerte de veta antropológica en parte de los trabajos del último de los mencionados.

Cabe añadir otra rama que se suma a la Escuela, y que nace en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, con dos sólidos exponentes en Alejandro Guzmán Brito y Carlos Salinas Araneda.

En los días que corren, cuando la generación de relevo ya ha comenzado a producir, el enfoque primigenio se mantiene, con importantes contribuciones que colman el ámbito nacional, y se traspasan al americano en términos amplios, cual es el caso del profesor Javier Barrientos Grandon.

No obstante lo anterior, Chile, desde comienzos de la década de los ’90 del pasado siglo, ha visto el surgimiento de nuevas líneas científicas en el desarrollo histórico jurídico, como es la concepción polifacética, surgida de manos del profesor Eric Eduardo Palma González, y de la que aún se esperan mayores frutos, así como también una muy reciente vertiente, que realiza calas al ámbito indiano, desde la Revista Historia y Justicia, digital,  y con una perspectiva casi exclusivamente desde el área de la historia general, y no desde el ámbito jurídico: en su equipo editorial, por ejemplo, solo hay historiadores y no abogados-historiadores.

 
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